El techo del navegador: cuando lo divertido chocó con lo bonito
En 2024 el prototipo ya era bastante majo y, a la vez, empezamos a darnos de bruces contra una pared. El navegador es maravilloso para enseñar algo rápido, pero tiene un techo, y nosotros lo tocábamos con la mano. Cada vez que intentábamos meter más detalle (sombras decentes, reflejos en el agua del puerto, más coches y peatones a la vez, fachadas con ventanas de verdad en lugar de paredes lisas) el rendimiento se venía abajo y el juego se arrastraba. Optimizábamos un día entero para ganar cuatro fotogramas y volver a estar igual.
El problema de fondo no era de programación, era de ambición. Nosotros no queríamos 'un jueguecito de navegador'; queríamos un Marbella que pareciese de verdad, con esa luz de la Costa del Sol, el brillo del mar a media tarde, el lujo un poco hortera de Banús reproducido con cariño. Y por mucho que apretáramos, el navegador no estaba hecho para ese nivel de fotorrealismo tipo 'GTA V'. Llegamos a forzarlo tanto que algunas versiones quedaban más bonitas pero injugables, y otras jugables pero feas. Elegir entre las dos cosas, una y otra vez, terminó siendo agotador y un poco triste.
Fue el año de las conversaciones incómodas. ¿Seguíamos puliendo algo que ya sabíamos que tenía el techo bajo, o aceptábamos que para llegar a donde queríamos había que cambiar de herramienta y casi empezar de cero? No es una decisión fácil cuando le has metido tanto tiempo a algo y encima ya funciona. Pero en el fondo todos lo sabíamos: el prototipo había cumplido su misión de demostrar que la idea era buena. Pedirle más era pedirle algo que nunca iba a poder dar.