El prototipo crece: de cajas grises a algo que ya parecía un sitio

2023 fue el año de las versiones. Le cogimos el gusto a sacar una versión nueva cada poco, probarla, romperla y volver a empezar. La caja que patinaba se convirtió en un coche que al menos frenaba con cierta lógica; aparecieron los primeros peatones, que al principio eran capsulitas andando en línea recta y chocándose contra las paredes con una insistencia casi tierna. Empezamos a colocar las calles de verdad, mirando el mapa, intentando que el trazado se pareciese al Banús real y no a un Banús inventado.

Hubo bugs memorables. Tuvimos una temporada en la que los peatones, en cuanto te acercabas con el coche, salían volando hacia el cielo en lugar de apartarse; les pusimos de mote 'los ascensiones'. Otro día el coche atravesaba un edificio entero y aparecía dentro, encerrado entre cuatro paredes grises, como en una celda. Cada uno de esos fallos nos enseñaba algo, y poco a poco el prototipo dejó de ser una demo técnica para empezar a tener una pizca de alma: ya apetecía dar una vuelta sin más, sin objetivo, solo por el gusto de conducir por 'nuestra' Marbella.

Lo más importante de ese año no fue ninguna función concreta, sino una sensación: cuando se lo enseñábamos a alguien, la gente sonreía y reconocía el sitio. Decían 'anda, esto es Banús' aunque solo viesen bloques. Ahí confirmamos que la idea no era solo nuestra obsesión: que un Marbella jugable de verdad le hacía ilusión a más gente. Y eso pesaba.

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