Que salga el sol y caiga la noche: metemos el día y la noche
Este mes le hemos metido mano a algo que teníamos muchas ganas de tocar: que el tiempo pase. Un ciclo de día y noche. Suena a tontería técnica, pero es de las cosas que más cambian cómo se siente una ciudad. La luz de la Costa del Sol a las ocho de la tarde, con las sombras largas y el oro sobre el agua de la dársena, no tiene nada que ver con la misma calle a las tres de la tarde, plana y sin gracia. Y luego, que caiga la noche y se enciendan los neones de Puerto Banús.
Y hay un motivo por el que esto nos ilusiona más allá de lo bonito: es que el ciclo de día y noche ES el juego. De día, Puerto Banús es el Imperio: las terrazas, el brillo, el dinero a la vista, la gente de traje. De noche, la misma calle es del Submundo: sale otra gente, se mueve otro negocio, se cierran otros tratos. La misma esquina, dos ciudades. Que eso se sienta y no solo se cuente pasa justo por aquí, por conseguir que el sol se ponga de verdad.
Sin postureo, como siempre: todavía está tosco. La transición de la tarde a la noche da saltos que no nos gustan, hay farolas que se encienden antes de tiempo y la luna es, de momento, un círculo blanco que da un poco de vergüenza. Pero dar una vuelta por el puerto mientras baja el sol y las luces empiezan a despertar ya nos pone la piel de gallina. Queda muchísimo por pulir, y lo iremos enseñando aquí, con sus costuras a la vista.